Emma Zunz de Jorge Luis Borges: Apuntes y análisis (sin editar)

Ofelia Ismed

 “comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de  su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin

(J.L. Borges. Emma Zunz)

 

jorge-luis-borges

A.- Del Asunto, según la teoría de Kayser, en Interpretación y  análisis de la obra literaria[1]:

El crimen es el Asunto: un hecho propio de la realidad que influye e incide en la obra literaria. El motivo imbuido de fuerza motriz, será en este caso, la venganza de Emma.

B.- Recursos de análisis:

B.1.-  Tomachevsky :

B1.1.-  Fábula: Es referida a la secuencia temporal- causal.  Es el tiempo cronológico, diferente al tiempo narrativo. Entendiendo esto, la fabula abracará el hallazgo de la  carta firmada por un tal Fein o Fain[2] por parte de la protagonista de la chica de casi diecinueve años hasta el momento en que toma el teléfono para denunciar a Loewenthal de un supuesto abuso sexual.

B.1.2.- Sujet:[3] Es la estructura narrativa, o la presentación artísticamente dispuesta de los hechos.  Es el tiempo narrativo, el tiempo experimentado e la lectura.  Por lo anterior, el sujet abarca un periodo desde los tiempos en que la protagonista vive con su padre (y su madre que apenas recuerda), el remate de la casa  de Lanús, la confesión de Emanuel Zunz donde jura que el ladrón es dueño de la fábrica  en la que trabaja Emma; todos  los anteriores, datos aportados por medio de flash back que desencadenarán en el asesinato de Loewenthal al final de la historia.

B.2.- Chlovsky:

B.2.1.- Extrañificación en el texto Emma Zunz: La extrañificación es un suceso extraño que sale del margen de la cotidianeidad,  este suceso merece ser rescatado, en este caso, el método de venganza de Emma, la estrategia utilizada para matar a Loewenthal sin ser inculpada.

C.- Acorde a teoría de los códigos de Barthes:

C.1.- Hermenéutica en Emma Zunz: La interpretación comienza a lo largo de la historia, cuando el lector a medida que avanza la historia descubre el enigma y la personalidad de los personajes.

D.- Núcleos, catálisis, vacíos, indicios (Todorov) -por escribir-

E.- Funciones principales (Propp)  -por escribir-

Texto: Emma Zunz

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y   Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que  supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre;  luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve o diez líneas borroneadas querían colmar  la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de  veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de  pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Fein o Fain, de Rio Grande, que no podía  saber que se dirigía a la hija del muerto.

 Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las  rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el  día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de  su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin.  Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de  algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal  vez; ya era la que sería.

En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día el suicidio de Manuel  Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una  chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de  Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto  de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre “el desfalco del cajero”,  recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que  el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y  ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había  revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana  incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente.  Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un  sentimiento de poder.

 No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana,  ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como  los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre,  contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres,  que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su  apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y  con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde.  Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría  diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico… De  vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se  obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

 El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular  alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de  algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el  Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a  Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la  huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor  convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma  trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del  domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que  había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le  depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se  levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills,  donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la  empezó a leer y la rompió.

Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente.  Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien  la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia  y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue  al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada  por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al  principio erró, inadvertida, por la indiferente recova… Entró en dos o tres bares, vio la  rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno,  muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que  ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a  una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a  un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en  Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves  están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado  del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones  inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el  sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su  desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su  madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se  refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue  una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él  para la justicia.

 Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el  dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había  roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió,  apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día… El temor se perdió en la tristeza de  su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se  levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último  crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que la advirtieran; en la esquina subió a un  Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que  no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo  acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos,  viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes.  Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los  pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.

Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro.  Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los  ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio,  nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada  muerte de su mujer  — ¡una Gauss, que le trajo una buena dote!—, pero el dinero era su  verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para  conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía  de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de  quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe  confidencial de la obrera Zunz.

La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío.  La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se  atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el  señor Loewenthal oiría antes de morir.

Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior,  ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a  confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la  justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un  instrumento de la justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad  del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.

  Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de  castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa  deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió  excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad,  pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el  temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo  de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del  cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se  desplomó como si los estampidos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se  rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y  en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el  patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los  labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que tenía  preparada (“He vengado a mi padre y no me podrán castigar…”), pero no la acabó,  porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca ni alcanzó a comprender.

Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván,  desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el  fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con  otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble… El señor Loewenthal me hizo  venir con el pretexto de la huelga… Abusó de mí, lo maté…

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era  cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio.  Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

F.- Tipos de adjetivación (Alazraki):

F.1.- Adjetivo ‘Tic’: considerable cuerpo; etc.

F.2.- Adjetivos metonímicos:Nueve o diez líneas borroneadas querían colmar  la hoja”  los borrones indican la indecisión; el objeto de la hoja y las líneas también inanimadas sólo demuestran la manifestación anímica del autor de la carta, es una traslación metonímica; “el infame Paseo de Julio”, es otra frase contenida en Emma Zunz, le da una atmósfera determinada a la situación que se relata; “turbio zaguán”, “una escalera tortuosa “… etc.

F.3.- Hipálage: “En la creciente oscuridad”; “En el cuarto no quedaban colores vivos”…etc.

F.4.- Oxímoron:derivaba de ese hecho ínfimo un  sentimiento de poder”: Se produce por el sentido peyorativo de la palabra ínfimo, y el sentido positivo de la palabra poder; “débil asombro”; además, hay otras frases que representan ciertas contradicciones intencionales en la obra como: “En aquel tiempo fuera del tiempo” y “fatiga venía a ser una fuerza”… etc.

G.- La vida de Borges:

Borges nació en 1899 en  Buenos Aires, Argentina. Estudió en Europa y retornó a América con la posesión de  un bachillerato fruto de su contacto con las corrientes artísticas y literarias del viejo continente. A los 24 años publicó su primer libro, Fervor de buenos Aires; a los 256 años Luna de enfrente y a los 29 Cuaderno San Martín, todos ellos de poesía. La poesía, el ensayo y los cuantos fueron las tres formas escriturales que utilizó Borges en su vida profesional. En 1925 aparece Inquisiciones, su primera colección de ensayos. Sus cuantos o relatos más conocidos son: Historia Universal de la infamia (1935); Ficciones (1944); El Alph (1949); El informe de Brodie (1970) y el libro de arena (1977). [4] El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato “Agosto 25, 1983”, en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta lisamente: “Por cobardía”. Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. En el año 1986, muere en Ginebra.

  1. Referencias bibliográficas digitales: Revistas en línea.

1.- Aedo Fuentes, María Teresa. (2000). Revista Acta literaria: Borges y Emma Zunz  postulando realidades. Universidad de concepción.  Extraído el 25 de Agosto, 2012, Desde: < http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-68482000002500004&gt;

2.- Quintana Tejera, Luis. (2001). Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid: Historia de una venganza: entre la justicia trascendente y la justicia humana: Emma Zunz de Jorge Luis Borges.   Extraído el 25 de agosto. Desde: <http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/bo_quint.html&gt;

3.- Redalyc: Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal. (2007) Co-herencia: análisis de la organización del discurso literario en español. Una propuesta desde la Lingüística Sistémico Funcional: Ilustración de Tema marcado y Tema no marcado en fragmentos de Emma Zunz de Jorge Luis Borges. Vol. 4, Núm. 7. Extraído el 25 de agosto, 2012, Desde:

<http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/774/77413255008.pdf&gt;

Estudios Universitarios:

1.- Alonso, David. (2009). Aproximación a la estructura temporales, actancial y temática del cuento Enma Zunz deJorge Luis Borges. Universidad Autónoma de Nicaragua. Extraído el 25 de agosto, 2012. Desde: < http://es.scribd.com/doc/32586589/Aproximacion-a-la-estructura-temporales-actancial-y-tematica-del-cuento-Enma-Zunz-de-Jorge-Luis-Borges&gt;

[1] Kayser, W. (1961) Interpretación y análisis de la obra literaria. Madrid: Gredos.

[2] Borges, Jorge Luis. Hombre de la esquina rosa y otros cuentos: Emma Zunz, p.88.   1970

[3] Wellek, R y Warren, A.  Teoría Literaria,  1956

[4] Datos recopilados del prólogo de Carlos Iturra para Hombre de la esquina rosada y otros cuentos. Santiago: Andrés Bello, 1970

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